Cierra los ojos para vivir. También para matar. En esto es el más fuerte, pues aquél sólo cierra los ojos para dormir y ni siquiera su sueño le reporta consuelo alguno. No obstante, sabe perfectamente que, a partir de aquel día, su vida ya ha cambiado por completo pues no puede eludir aquello que le ha sucedido. Sin embargo, y solamente dependiendo de su decisión, ¿podrá realizar aquel cambio? No depende de nadie más que de él mismo. Él se ha ido, no cree que vuelva.
Cómo le cuesta levantar al amanecer su inquietado cuerpo guiado por sus pensamientos. Lo único, y no sabe ni el porqué, se levanta cada mañana intuyendo algún porvenir incierto y esperanzador.
Por costumbre, se viste, desayuna y empieza la melodía diaria. En el conservatorio y acariciando las cuerdas, cierra los ojos para vivir. -¡Qué bonito y maravilloso!- piensa. Esa armonía le produce vida, le suscita infinitos lugares y pensamientos únicos. Pero aquel día algo más se lo produce. Aún no está seguro y, en consecuencia, sigue sus melodías… un día, una semana, un mes, un año, otro… Y, sigue cosechando consuelos cada vez que cierra los ojos pero, desde aquel día, leía una nota disonante en su vida. A su vez, es más débil cada vez que los cierra. Pierde energía cuando, en sus pensamientos, intenta aniquilar, matar, destruir aquello que le hacía tan fuerte. Entonces, siempre piensa, se detiene, se toma un café. Busca un atajo. No lo encuentra. Creía pero, no sabe. Pues sufre. Es así, él sufre. Pobre.
Desde aquel día, al ver a su querida madre llorar tan desconsoladamente, reacciona lentamente como si de un desbloqueo se tratase.
A sus veintidós años, su mundo ya no es suyo. Se lo han arrebatado. Ahora su mundo es el mundo. Un esfuerzo doloroso le provoca el pausado cambio que sabe que algún día le hará capaz de entender.
Su hermano ya no vuelve. Siempre lo ha sabido. Siempre cierra los ojos para vivir. Siempre acaricia la guitarra para recordar. Pero, he aquí que, después de siete años de cerrar los ojos y vivir, ha comprendido que para morir ha de cerrar y para vivir ha de abrir. Ahora es capaz de vivir y no de haber vivido.
Más tarde, pero aún no, tal y como siempre ha intuido, volverá a vivir lo vivido. Quizá no en su mundo. Quizá no en el mundo.
Riky Arnó Vinardell, 22 años, Barcelona.
Me he puesto cómodo/a y he leído, no sin sorpresa, un texto que tiene un título sugerente, la pesquisa, investigación que se hace de una cosa, que a su vez viene de “pesquis”; ingenio. Hace falta ingenio pra escribir un micro texto y más cuando tiene tanta enjundia como éste y sugiere, en pocas líneas, tantas cosas al lector. Muchas felicidades, autor desconocido y prometedor , y prosigue con tu pesquisa particular, no sólo en forma de reflexión lírica sino también vital.
Cuando el talento adquiere forma de texto y cuando las ideas están bien ordenadas… a veces salen pequeñas maravillas como ésta que acabo de leer! Un buen relato! Felicidades!
Los que amamos, sabemos de dónde viene este texto.
Los que sabemos, amamos al que escribió este texto.
Amén.
joan figuerola riki i los demas recuerdos de vuestro keridisimo amiguo carles cuidaos ata otra
carles aragones casares
¡Felicidades querido amigo Riqui¡
Has escrito un relato sutil, vivo, ágil,que te atrae,,,, y con contenido, con grano.
Me ha gustado el texto y el estilo,con un bello toque de sensibilidad.